En el barrio Cristóbal Colón, Juan Carlos Ávila indicó que la ubicación de discotecas en zonas residenciales afecta muchísimo la salud mental de los vecinos. “Nosotros no podemos descansar los fines de semana; viernes y sábado. Niños, nuestros padres, adultos mayores. Estas discotecas abren hasta las seis y media o siete de la mañana, y el ruido empieza a subir en decibeles a partir de las dos de la mañana y se vuelve insostenible. En realidad, nos vibran los vidrios; no se puede descansar”, expresó el ciudadano.
Mencionó que cuando compraron sus propiedades no suponían que se verían afectados por estas discotecas. “Cuando el año pasado se instaló Papaya, nos habían dicho que era solamente por un año”, dijo.
Lo padecimos los vecinos porque, pese a nuestra insistencia y nuestras quejas, nunca tuvimos respuesta de las autoridades. Lastimosamente, este año volvieron a instalarse. Y, bueno, no solamente Papaya este año, sino también, a 700 metros, se sumó en Granja Villazar, en una zona residencial, pegada a un barrio cerrado que es Villa Martina, otra discoteca, de nombre Mambo, que también tiene música a altísimos decibeles, dijo Juan Carlos Ávila.
“Nosotros no queremos estar los fines de semana en nuestra casa en San Bernardino; eso es lo que está pasando. Somos ciudadanos que venimos a disfrutar; durante todo el año pagamos nuestros impuestos y venimos a descansar, porque esta es una ciudad de descanso. No estamos en contra de la movida nocturna, de que la gente se divierta, de que haya discotecas y boliches, pero que sea en una zona habilitada por la municipalidad y que no afecte a los vecinos”, expresó.