Y como el ocio también merece infraestructura, ahora —según se comenta— el muchacho se estaría armando una “pista de rally mau” en una casa de lujo que figura a nombre de doña Graciela Pappardo, suegra de Miki y madre de Ratalia Shuccolillo, directora de ACV y esposa del corredor por vocación.
La cosa es que la obra fue aprobada allá por diciembre de 2023, pero lo que se construyó parece que salió con “modo creativo”: el edificio no estaba respetando lo que decía el plano. El 29 de mayo de 2024, inspectores municipales habrían encontrado dos joyitas:
-
Modificaciones sin autorización (Ordenanza 26.104/91)
-
Sin Estudio de Impacto Ambiental (Ley 294/93)
Y no es que “alguien inventó por envidia”: el propio grupo Shuccolillo habría reconocido la infracción. Después, el 3 de junio, la Asesoría Jurídica municipal recomendó suspender la obra por desviarse de lo aprobado, y al día siguiente la suspensión se hizo efectiva.
¿Y dónde estaba “la infracción”, Miki? En lo esencial: el hombre se estaba fabricando una mini pista privada para practicar cuando no tiene tiempo de ir a un autódromo o darse una vueltita por el Chaco. Porque, claro, tiempo no hay. Administrar un imperio (aunque sea por matrimonio y por esos giros que da la vida) consume agenda: reuniones, fotos, firmas, llamados, y el estrés de tener que esquivar más cosas que conos en un slalom.
Dicen también —los chismosos, no nosotros— que Miki es tan “profamilia” que su familia a veces parece tener sucursales. Y mantener sonrisas, compromisos y apariencias a cierta edad gasta más combustible que una camioneta en arena blanda. Entre demandas, imputaciones, allanamientos y el infierno de adentro y de afuera, ¿en qué momento va a salir a correr rally el hombre? Para eso quiere la pistita: terapia de velocidad, descarga emocional, y de paso, un lugar donde el único semáforo sea la conciencia… si es que funciona.
Por eso elevamos un pedido urgente a la Municipalidad de Asunción: reduzcan o eliminen algunos semáforos, que están entorpeciendo el entretenimiento del compatriota. Si esto sigue así, lo van a lograr: finalmente lo podrían quebrar. Finalmente podrían ganar. Destrozar a alguien que siempre estaba feliz, siempre sonriendo, alguien que no merecía el odio… alguien que no hacía nada más que “ayudar”, amar con todo el corazón, y mantener —cuando hacía falta— la velocidad necesaria en la bragueta y la rapidez impecable para huir de cualquier trabajo.